El
estruendo rasante
Para Mónica,
Allá en nuestra
infancia.
El Paraná se extiende tranquilo
por su calma cama llanurada
contra el sol a pique de la siesta.
Allí los sauces reflejándose
al pie de la cabecera quieren
dormir mansamente hamacados.
En mi noche sos
isla
de juncos. Serena
el agua aclara
tu costa en delta
por los ojos de los peces
al cielo duplicada te asomas
sobre el río de estrellas
hasta el fondo de tu alma.
Tus ojos cerrados
navegando mis besos
en el oleaje de los párpados
vuelves a la playa. Entredormida
estirando largos paisajes
un sonido de arena suelta
sopla sobre tu penumbra
y aleja las naves
desveladas del alba.
Tarde lenta de otoño
en el delta quieto
sigues la sombra
horizontal de las ramas
con una íntima tristeza
que recorre el paisaje
y lo va atardeciendo
aquí junto a nosotros.
La noche llega
Siguiendo huellas de tero.
Remonto a solas
las horas amargas del verde mate
monte adentro. Recuerdos filosos
me acuchillan hoja tras hoja.
En el descampo con humo
por la pena que lo tala
mi corazón se cubre de maleza.
Encendió fogatas para ella
Todo el invierno. La noche
en los vidrios colgaba
su espejo de hielo negro.
Por una angostura de témpanos
la encontró y la fue acariciando
estrechado contra tanta desolación
hasta darse en abrigo.
Amaba aquellos ojos,
la ciudad de los glaciares.
Viajabas por la isla
lluviosa tu mirada de ventana
en lejanía. Atravesando
la noche de luces mojadas
el viento con sus motores
te golpeaba el alma.
Ciudades de agua
Calles muriendo al fondo.
Volvías aquella
mañana cargada de tristeza
sobre tu ómnibus a la deriva.
La sudestada golpea el filo de los juncos
Amarrados al río dando vueltas oscuro
nos islamos a costa de nuestra soledad.
Una furia de ramas rodea la casita
Iluminada. En medio del aguacero
esta noche somos un corazón, un fósforo,
resistiendo en la creciente.
La marejada vuelve por nosotros
y se lleva lo que nos resta
con sus ráfagas. En la creciente
abandonamos antiguas pertenencias
rincones inmersos bajo el pasado
haciendo agua. Sin darnos tregua
el sudeste destroza las lámparas.
A oscuras buscamos un cauce, de pie,
perdidos de la tormenta.
A lo ancho la lluvia
quiere cercarnos
con tanta noche.
Ensombrecidos
matorrales de agua estancan
nuestro silencio
y se abandonan a la deriva.
De espaldas nos aliamos
junco por junco en nudo
achicando la angustia.
Río adentro de nosotros
la sudestada nos abarca
amarejados
apenas resistimos sobre una sábana
blanco papel.
El río de nuestro silencio
nos sumerge en su creciente
pasaje de agua muerta.
Sin costa para acercarnos
la noche vuela con sombras
puentes arrastrados
de un viento interior.
Estamos rodeando la llama
pareja bajo el reparo
de nuestras manos. Un poco
del paisaje se consume
en la misma tristeza
y nos deja acantilados
Yo te pienso entrelíneas
horizonte, bandadas de garzas
endebles. Los sauces cayendo
al margen tuyo, por el agua
reclusa. En espejos de furia
hilo redes que se desatan
bajo la noche cazadora
con cuchillos de punta.
Lances de junco filoso
me doblan sobre la hoja
a vuelo vista. Vuelta a ver
tu imagen ya sin amarras
se hunde por la deriva.
No hay más allá de los ojos
ni un atisbo de casa iluminada
donde guarecerte de este paisaje.
Por la lluvia
bosques interminables
recorren los campos
bajo un cielo sin caballos
el viento se vuelve
sombra en la tarde
cuando la muerte
tapa los ojos del agua
oscureciendo mis párpados.
Atardecemos en el cementerio.
Horizonte marcando con cruces
Nuestra honda quietud enlutada.
Los muertos cercanos duermen
pálidos bajo la tierra.
Retumban largos silencios
y quisiéramos con las manos
cavar un pozo para abrazar
sus huesos. Cuesta dejarlos tan solos
lentos regresar subiendo la loma
muriendo a la par un poco
no más.
En el fondo del anochecer
el limonero derrama solcitos
que sonando brisamente a metales
llenan de esplendor la huerta.
Cargado de savia profunda
inclina maternal sus frutos
amamantando penumbras.
Cortando una naranja
al centro por su giro
se dividen los rayos
hemisferios cayendo
como mínimas mitades
de un sol a dos aguas
en el filo horizontal
del cuchillo.
Un vaso de agua
a la noche
suelta su luna
de quieta lluvia
transparente
bajo el cielo
torna a sí mismo
hondo beso
en cristalinos círculos
apagado
al borde del silencio
rueda su corazón
de espejo
sin olas sin espuma
sereno como un ojo
interminable.
La ciudad de nosotros
se hunde en la noche
tren sin ventanas
pasa tu silencio de foto
el blanco y el negro
fijo tu rostro
me trae de muy lejos
aquel paisaje con rieles
aquel horizonte que perdimos
bajo el estruendo rasante.
Solamente un tero
sobre el estilo
del horizonte
estira la ausencia
aterido de noche
avizorando su rumbo
en alas que no retornan
se le vuela la mirada.
Junco al agua el teru teru
casi sin punto de apoyo
a ras del cielo grita
lo perdido
Noche ojos de gato, verdes
Estrellas
fulminantes entre el sauzal
montés de la isla
a gatas
tendiendo cama oscura
el río insomne
maúlla su turbio dolor
corazón de remolinos
enramado en el delta
caza pedazos de sueños
muertos.
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